martes, 9 de diciembre de 2014

CAFÉ FILOSÓFICO EN DICIEMBRE

Este sábado 20 de diciembre estaremos realizando nuestro café filosófico.

En esta ocasión yo dirigiré la actividad. La novela en cuestión será LA PIEL DE ZAPA del literato existencial HONORATO DE BALZAC. Hay una cuota de recuperación y cupo limitado. El ponche corre por mi cuenta. Para hacer la reservación llama al teléfono 311 1330354.

Desde Tepic, Nayarit. Alfonso Flores Hernández. Av. México No. 143-A sur. Int. 14 al 17. Centro.

TE ESPERAMOS. Es a las seis de la tarde.

jueves, 4 de diciembre de 2014

EL SUICIDIO

Alfonso Flores Hernández. Doctor en Psicoterapias Existenciales.
Derechos reservados. 2014.

Por primera vez en mi vida como escritor, abordo un tema por solicitud de mis lectores; quienes me lo pidieron están tan conmocionados como yo, ante lo dramático de los hechos como del pasmo institucional especializado. El tema es tan delicado que merece un sereno acercamiento.

Para empezar tendré que aclarar que no siempre el suicidio está asociado a la depresión, pero sí en la mayoría de los casos. Sin embargo esta aclaración nos centra entonces en el suicidio mismo, sin más.

El suicidio comienza por ser una forma de resolver una situación donde el individuo ha sido rebasado en sus capacidades psicofísicas para confrontarse con una realidad previamente construida. Las opciones se han acabado para él o ella; quitarse la vida es la única elección.

Pero, ¿cómo puede un individuo llegar a constituirse una situación que le rebase a grado tal de quitarse la vida? Vayamos por partes.

El ser humano en las vicisitudes de la vida se va construyendo poco a poco su realidad, y siempre es relacional; todo el tiempo tiene que ver con el otro. Esta realidad la constituye basado en sus valores, mismos que aprendió por allá de los tres a los siete años de vida. De tal manera que esta construcción tiene los matices del entorno que el sujeto vivió en su infancia y la niñez. Estos valores son diversos y los revisaremos con calma.

Cuando el individuo transita por su infancia, hace sus primeros ensayos de autonomía e incluso, avisa en una actitud lúdica, que ya se va de casa. Sus padres, más frecuentemente la madre, tal vez por ausencia paterna, revira sumariamente para advertir dos que tres cosillas: Si mi niño, pero no se le olvide que soy su madre; no se le olvide que yo lo parí; y, que le quede claro que sin mí se muere. Todo esto en una cálida sabiduría de amor parental. Esto, escuchado en la infancia tiene un extraño poder de irrevocabilidad. Es un determinante axiológico. El individuo crece pensando en ser de la uno-opción, con una perspectiva ante los eventos críticos de un ángulo muy cerrado.

Por otra parte, todavía en el tema de los valores, a los infantes y a los niños se les enseña de miedos, de fantasías catastróficas, que si bien cumplen su función para que no se vayan lejos de ellas o ellos, aprenden a vivir limitados. En un extraño contrapunto en familia, se le va estimulando a que tenga altas metas por cumplir, en calidad de imperativo o exigencia. Resultado, el infante y el niño, una vez llegado a la adolescencia tiene altos ideales por cumplir y escasos recursos yoicos para hacerlo. Y con estos elementos, el individuo pretende construir su realidad relacional.

Ahora bien, ¿Quiénes constituyen el inmenso imperativo social que joroba a las familias para educar de esa manera a sus hijos, para sin saberlo orillarlos a vivir condiciones cruentas de desventaja social? Lo vamos a ir respondiendo paso a paso.

Por supuesto que el suicidio y aún la depresión, no se pueden entender sin dar un repaso al imperativo social que norma la vida cultural de los pueblos y las comunidades.

Si hemos visto como las vivencias en casa en la época infantil determinan el comportamiento del individuo en sociedad, también habremos de ver como el entorno global incide en cada una de las familias mexicanas. La función de las familias ante la globalidad ha cambiado. Ahora, la familia tiene como única misión entregar a la globalidad hijos vivos, con pensamiento técnico-mágico-irreflexivo, excelentes consumidores de lo que este enorme ente ofrece. Las familias y cada uno de sus miembros, viven expuestos al ejercicio de los poderes tanto estatales como fácticos. ¿Qué quiero decir con esto?

Los poderes del estado -federación, estado y municipio- son contratados para servir a la comunidad, remunerados por supuesto, para vivir acorde a los sueldos que perciben. Todo este sistema está regido por una constitución, leyes generales y tratados internacionales, leyes secundarias y reglamentos. Todo ello, para que el ciudadano viva en paz, en armonía, en libertad, y con los espacios socio-económicos necesarios para su desarrollo de acuerdo a sus capacidades psicofísicas. Sin embargo, en la práctica, el ciudadano tiene que bregar con la incompetencia e ignorancia de ese aparato estatal, generando una angustia hasta hoy no consignada ni reflexionada, en el tema de la depresión y el suicidio.

Los poderes fácticos, son todos aquellos dominios que no siendo estatales, ejercen un inmenso control sobre los pueblos. Son poderes fácticos, las empresas de comunicación como las televisoras y las de telefonías; las trasnacionales de alimentos y otros servicios, las empresas bancarias, las organizaciones religiosas, las poderosas federaciones deportivas internacionales, etc. Cada una de ellas ofrece un particular producto y especial manera de digerirlo. Estos poderes son un verdadero lastre, irreflexivo, que mantiene al individuo en constante tensión, ya que todos ellos conservan programas permanentes de sobre-estimulación visual y auditiva, donde en un mensaje corrupto lo presionan a consumir so pena de ser rechazado. Cada una de estas entidades depredadoras quiere tener el control irrestricto de los pueblos y las comunidades.

Toda esta información entra a los hogares sin ninguna reserva afectando a los infantes, a las niñas y niños, a los adolescentes, a los jóvenes y a los adultos; a cada época de la vida la globalidad le entrega un mensaje diferente. La reflexión necesaria para sesgar toda esta organizada perversión, está totalmente ausente. No hay defensa alguna. Esto lleva al individuo a una constante frustración. La globalidad le dicta quien debe ser, que debe de hacer y como lo debe hacer y hay un kit para cada paso, el cual tiene que adquirir para usarlo y ser feliz; y lo más terrible es que no hay bolsillo que ajuste para adquirir tanta estupidez. Sin embargo, la dificultad para hacerlo le genera al individuo una terrible incomodidad, decepción, frustración y angustia.

Hasta hace un momento usted creía que el suicidio solo tenía que ver con el desarrollo de la personalidad y la familia misma. Por supuesto que hoy también está en cuestión el entorno global pasando por nuestros gobiernos y los poderes fácticos.

Luego de revisar la participación familiar y la intervención global tendremos que contestar la siguiente cuestión. El suicidio ¿es parte de la vida o el final de la misma?

Menudo panorama para las niñas y los niños, los adolescentes y los jóvenes. Están de frente a un escenario que lejos de comprenderlos los enjuicia y los usa como válvulas de escape de la tensión social. Si no es pan y circo, se aprovecha un momento tan doloroso como los eventos recientes para hacer escarnio y tender verdaderas cortinas de humo que evitan que el pueblo haga conciencia de su condición de ciudadano en abandono.

Que una niña o un joven se suiciden, o un chico asesine a sus padres, no es más que la muestra fehaciente de una sociedad disminuida que está obligada a reflexionar sobre sí misma. No son ellos, somos la sociedad la que deberá estar en cuestión. Hoy el problema somos todos.

Jean-Paul Sartre, el más grande filósofo y escritor existencial del siglo XX, nos muestra en cada una de sus variaciones a un humano que desde hace tiempo vive como muerto.

Otro maravilloso filosofo existencial personalista Max Scheler nos dice que todo lo que hacemos en la relación con los demás, lo hemos aprendido desde la infancia y lo replicamos como una especie de predestino, por cierto basado en engaños, luego autoengaños.

El Maestro Jesús, el nazareno, les habló a los judíos de una nueva vida; una vida de libertad, de respeto a sí mismo, de armonía, de una relación particular e íntima con Dios. La única ocasión que habló del sufrimiento fue para decirles a los judíos que nadie más bebiera de ese cáliz. Reiteró su misión de liberarlos del pecado.

Vivir olvidados de sí mismos ofrendados a los demás es un paradigma que el individuo aprendió en casa sí, pero con antiguos matices religiosos; de esas religiones que han promovido el sufrimiento y el dolor como forma de lograr la aceptación. (Estar en el cielo negado del otro).

El Padre Pierre Teilhard de Chardin y Santa Teresa Benedicta de la Cruz -Edith Stein- nos muestran en sus obras, que la tendencia a disminuirse solo por disminuirse es prerrogativa única de Dios. Que los individuos honran a Dios a través de hechos por supuesto congruentes, lejos del dolor, del sufrimiento y la pobreza.

En el descuido que el individuo ha hecho de sí, por tal de tener la aceptación del otro, se ha olvidado de sí mismo. Es como un estar muriendo poco a poco cada día.

En esa idea de hacer las tareas de la vida de manera perfecta -como las espera el otro-, el humano dejó de disfrutar. Se entregó a satisfacer los deseos de los demás para hacerlos felices, y en esa ofrenda ser feliz, una felicidad por supuesto vana y pasajera.

Actitudes deletéreas que nos hablan de que el suicidio en el mayor de los casos es parte de la vida. Que el humano por razones que debe de reflexionar, ha escogido vivir esta condición de vida, nunca una decisión en libertad, ya que sin saberlo lo ha hecho determinado por su espacio circundante, un imperativo social global inhartable y exigente.

Y, finalmente, la pregunta: la idea suicida ¿es una ideación o un recuerdo? Comenzaré por recordar a Max Scheler que en su Los ídolos del autoconocimiento de sí mismo, nos plantea cómo en la época infantil por esa condición de indefensión, las niñas y los niños por conveniencia de los padres o tutores son víctimas de engaños, que luego se convierten por elección en autoengaños.

Estos engaños se forjan aprovechando el pensamiento mágico de los infantes y los niños por una parte y, por la otra, por el inmenso poder afectivo y físico que tienen los padres sobre sus hijos, a los que se les recuerda de manera constante: lo hacemos por tu bien, lo hacemos porque te queremos. En este ejercicio de potencia-impotencia las niñas y los niños van creciendo con un especial resentimiento que luego da a lugar a actitudes de rencor y de venganza.

Ya hemos visto desde la primera parte de este ensayo cómo los adolescentes y los jóvenes tienen que enfrentar a la globalidad en terribles condiciones de desventaja; cómo han recibido un torrencial baño de estímulos oferentes a los que los primeros se ven totalmente rebasados, con su consecuente y permanente frustración y decepción.

Es obvio que el chico con ideas suicidas tiene una perspectiva orientada a descubrir la más mínima señal de rechazo que exacerbará para sentirse terriblemente rechazado por la circunstancia o persona que ama profundamente, sin que esto sea necesariamente recíproco. Una vez que comienza a vivirse en rechazo se activa el sentimiento de rencor y de venganza.

A partir de este momento los escenarios varían de acuerdo al ordo amoris -los valores particulares de cada persona-, ya que éste orden axiológico determina cómo va a castigar a aquel o a aquello que lo ha rechazado. Es evidente que ya vive en el autoengaño.

En un primer escenario, el más, los adolescentes y los jóvenes presentan conductas agresivas contra sus progenitores, padres o tutores, amigos, compañeros de escuela, o la sociedad misma.

En un segundo escenario, el menos, estos adolescentes y jóvenes deciden agredirse a sí mismos usando dos diferentes motivaciones.

La primera motivación ya la habíamos visto antes. El paradigma cotidiano sin ti no puedo vivir toma su más grave forma, ya que en esta condición los chicos se agreden -nunca para quitarse la vida- porque ante el rechazo del otro, amado, no hay nada más que hacer. El mejor ejemplo son las somatizaciones. Cada día en más frecuente encontrar colitis tensionales en las niñas y los niños.

La segunda motivación, un tanto más rebuscada, el chico decide agredirse para castigar a sus padres u otro ser querido. Sabe que se van a sentir terriblemente culpables. La venganza por supuesto incluye la fantasía de poder lastimar al otro con su ausencia definitiva.

Igual, el problema del suicidio consumado es que, de cualquier forma es irremediable, no tiene regreso.

La idea del suicidio no solo es ideación, es además constante recuerdo. La opción de agredirse a sí mismo y la forma de hacerlo son vía ordo amoris; se aprendió en casa en una época muy infantil.


Irresponsable entonces parece la poca sensibilidad de la sociedad y las instituciones que siguen como lo dije al principio, pasmados ante este doloroso tema. Nuestro gobierno estatal ha reiterado su compromiso ante las dolencias sociales. Qué pasa entonces con los funcionarios especializados en el tema. Estamos esperando los programas preventivos que nos prometieron. Ya son demasiados avisos, acoso escolar, infracciones callejeras, chicas y chicos deprimidos, y lo más doloroso: niñas, niños, adolescentes y jóvenes con ideas suicidas o, en suicidio consumado.